¿Por qué Abrams y Pence desestiman una intervención militar a Venezuela?

En una entrevista con Univisión, Elliott Abrams, enviado especial de la Administración Trump, desestimó que EE.UU. planeara una invasión militar en Venezuela.

¿Por qué un halcón guerrerista, arquitecto del asedio de la Contra a Nicaragua, de la Invasión a Panamá y quien apoyara a dictadores como Efraín Ríos Montt, ahora habla de una salida pacífica de Nicolás Maduro del poder en el lapso de menos de un año?

Hay algunas razones evidentes. Primero, la América Latina de hoy es muy diferente a aquel subcontinente que toleró la invasión a Grenada y el escándalo Irán-Contras, del que Abrams también fue protagonista. En los 80s y principios de los 90s, fue un extraordinaria iniciativa diplomática, el Grupo Contadora, la que logró la pacificación de Centroamérica y no las iniciativas bélicas de la Administración Reagan y Bush padre.

Luego, está la coyuntura electoral estadounidense, a la que la administración Trump ha ligado recientemente la resolución del conflicto venezolano. De este modo, si se llegase a la opción de una intervención militar en Venezuela, lo más probable es que suceda cuando sea más provechosa en términos electorales. Y eso quizás no ocurra hasta dentro de un año.

Pero hay una razón aún más poderosa.

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No violencia Vs. Intervención militar

Al menos durante 15 años, EE.UU., a través de la National Endowment for Democracy, USAID y el Albert Einstein Institute, ha apoyado la campaña de lucha no violenta y resistencia civil contra Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después. Y no parece coherente que, justo cuando asoman sus frutos más contundentes, la Administración Trump decida echar por la borda un trabajo de años y darle una patada a la mesa.

Sólo viendo los hitos retrospectivamente se hace evidente el éxito de esta campaña de resistencia civil. Aunque su éxito más rotundo fue en 2007 con la derrota de la reforma constitucional propuesta por Chávez, una victoria que el desaparecido mandatario calificó en televisión nacional como “una victoria de mierda”; es en los últimos años cuando finalmente parece haber acorralado al Madurato.

Dos de los fundamentos esenciales de la lucha no violenta son apropiarse de los pilares que sostienen las dictaduras y hacer que su propia opresión sea para ellos contraproducente.

La toma de los pilares que sostienen al régimen

La toma de los pilares que sostienen al régimen de Maduro comenzó en 2016, cuando la oposición toma el poder legislativo por la vía electoral.  Después, comenzó una lenta pero constante corrosión de la legitimidad del régimen y, posteriormente, la suma de los canales diplomáticos mundiales y el apoyo internacional

Finalmente, este año hemos visto en rápida y desconcertante sucesión cómo la oposición se hacía de forma no violenta con el pilar político, con la presidencia del país con la juramentación de Juan Guaidó, hasta entonces un político desconocido; y, al mismo tiempo, con el pilar financiero, con las sanciones estadounidenses al petróleo venezolano. Para el régimen fue una descripción muy gráfica de las desventajas de poner todos los huevos en una misma cesta.

Y más recientemente hemos sido testigos de cómo se iniciaba la toma del sostén final del régimen, el pilar militar, con una no menos rápida y desconcertante cadena de deserciones en la frontera. Al sol de hoy, en un par de semanas, van más de 600 deserciones.

¿Cómo lo han logrado? Pues con una táctica basada en otro de los principios fundamentales de la acción no violenta: hacer la opresión contraproducente.

Cuando la opresión se da un tiro en el pie

Como en el jijitsu, la acción no violenta usa la fuerza del oponente en su contra. La idea es encarecer para el opresor los costos de su ejercicio de la opresión.

El triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias motivó el primer golpe del régimen contra la institucionalidad del Estado. El golpe a su vez provocó las mayores protestas de los últimos años.

Aplicando la vieja máxima marxista de la carreta de la revolución que avanza por los latigazos de la contrarrevolución, el régimen aprovechó las protestas para tratar de cimentar aún más su poder por medio de una convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Pero una convocatoria electoral de la oposición, la del 16 de Julio, llevó al régimen a hacer algo insólito: ejecutar un fraude contra sí mismo, con lo que destruyó por completo una de sus más preciadas posesiones, la supuesta fidelidad de su sistema electoral.

Si hemos de creerle a Julio Borges, el tan criticado diálogo de Dominicana sirvió para que unos cuantos diplomáticos vivieran en carne propia la desagradable experiencia de negociar con el madurismo, lo que terminó por hacer que naciones latinoamericanas modificaran sus posiciones con respecto a la posición venezolana.

Acudir a elecciones en desventaja por un lado reafirmó la vocación electoral de la oposición y por otro expuso las técnicas electorales fraudulentas de las que echa mano el madurismo para aferrarse al poder. Una de estas tácticas, chantajear al electorado con las cajas CLAP, que buscaron establecer a través de la continua pauperización del modo de vida de los venezolanos, provocó la quiebra económica del país, un cuadro de hiperinflación, crisis sanitaria y la estampida migratoria más grave de la historia de América Latina.

Más recientemente, el bloqueo de la introducción de la ayuda humanitaria, justo cuando se acababa de realizar un multitudinario concierto musical, puso en los ojos del mundo el carácter represor e inhumano del régimen.

Pocas veces el ejercicio de la opresión fue tan contraproducente para régimen alguno.

Esta semana, el país se prepara para un nuevo hito en ese largo ejercicio de la acción no violenta, un hito que puede ser definitivo, con el regreso de Juan Guaidó a Venezuela.

La participación de USAID

Quizás una de las evidencias más explícitas del apoyo de los Estados Unidos a la lucha no violenta de la oposición venezolana sea la participación en el proceso de la agencia USAID tras bambalinas. Como se recordará, la USAID jugó un papel primordial en la caída de Slodoban Milosevic en Serbia al apoyar al grupo de acción no violenta OTPOR!

Y como ya es bien sabido, OTPOR! a través de su programa de capacitación en resistencia civil y lucha no violenta, CANVAS, asesoró y entrenó a la generación del 2007, de la que Guaidó forma parte.

También es sabido que en el lenguaje audiovisual poco o nada se deja al azar. Mucho menos cuando se trata de una pieza con alto contenido propagandístico. Fox News es acaso el canal propagandístico de TV más importante de los Estados Unidos. Y cuando una de sus anclas estrellas, Trish Regan, decide entrevistar al vicepresidente Mike Pence rodeado de cajas de ayuda humanitaria y bajo un enorme logotipo de USAID no es, en modo alguno, casual.

¿Es así como terminará…?

De modo pues que luce poco coherente que Estados Unidos vaya a abandonar ahora una estrategia de lucha no violenta de años que, hoy por hoy, tiene al régimen de Nicolás Maduro contra las cuerdas; para una acción temeraria que pondría en riesgo los lazos de respeto a la soberanía que ha construido con América Latina en los últimos 30 años, desde la invasión de Panamá.

No al menos, cuando influye poco o nada en el devenir electoral estadounidense.  Y mucho menos cuando la oposición le ha arrebatado al régimen de Nicolás Maduro la mayoría de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene y demuestra que, como en el caso de Serbia (y de la mayoría de los regímenes comunistas), la acción no violenta es mucho menos cara y más efectiva a la hora de enfrentarlos.

Es posible que, como en el famoso verso de T.S. Eliot, The Hollow Man, todo esto termine “Not with a bang but a whimper“.

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